"100 PESOS BIEN INVERTIDOS”
Siendo sincero, nunca he sido una persona a la que le guste salir mucho de casa. Prefiero quedarme tranquilo antes que pasar el día afuera, y siento que ya paso suficiente tiempo en el colegio como para seguir haciendo actividades después de clases. Por eso, cuando me enteré de que íbamos a ir al Parque Jaime Duque, mi primera reacción fue pensar: "Qué pereza". Además, el viaje era un jueves, justo antes de salir a vacaciones, así que no me llamaba la atención en lo más mínimo.
Para completar, cuando vi el precio de la salida casi me da algo. Me pareció bastante costoso y por un momento pensé seriamente en no ir. Sin embargo, la actividad también contaba para la nota, y siendo realistas, por una buena calificación uno termina haciendo muchas cosas. Así que decidí pagar e ir; al fin y al cabo, no tenía nada que perder y, quién sabe, tal vez terminaría siendo una buena experiencia.
La verdad es que no conocía prácticamente nada sobre el lugar. Recuerdo haber escuchado alguna vez a mi mamá y a mi papá comentar que habían pasado por allí, pero nunca me habían contado cómo era ni qué se podía encontrar dentro del parque. Para mí era un sitio completamente desconocido, así que, aunque no tenía muchas expectativas, también sentía un poco de curiosidad por descubrir qué tenía de especial para que tantas personas lo recomendaran.
Como soy alguien que prefiere arrancarse los pies antes que llegar tarde, llegué con bastante anticipación, tal como nos lo habían pedido los profesores. No me gusta la sensación de ir con afán o pensar que el bus puede irse sin mí, así que preferí asegurarme de estar allí temprano. Apenas llegué, me reuní con mis amigas Dayana y Paola mientras esperábamos a que todos los compañeros fueran llegando. Amaya no había pagado la salida, así que Deiby se quedó sin grupo. Al final decidimos "adoptarlo" y terminamos formando un grupo de cuatro, lo cual nos vino bien para realizar la actividad que los profesores nos habían dejado. Entre bromas y conversaciones, el tiempo pasó bastante rápido hasta que finalmente nos indicaron que subiéramos al bus.
El viaje fue muy tranquilo. Antes de salir me había tomado un Mareol para evitar marearme durante el recorrido, ya que los viajes largos suelen afectarme un poco. El medicamento hizo efecto enseguida y, apenas me senté en el bus, caí completamente dormido. Literalmente fue como si me hubieran apagado; no recuerdo casi nada de la primera parte del trayecto.
Me desperté un rato después porque el bus se había detenido para hacer una breve parada. Aproveché ese momento para estirarme un poco, despejarme y comer el refrigerio que nos entregaron. Después de eso ya no volví a dormir. Me quedé despierto el resto del viaje, conversando un poco con mis compañeros, mirando por la ventana y observando cómo el paisaje iba cambiando mientras nos acercábamos al Parque Jaime Duque. Poco a poco empecé a sentir curiosidad por conocer el lugar y ver si realmente valía la pena haber ido.
Al llegar al parque, quedé bastante sorprendida. La verdad, no esperaba que el lugar fuera tan bonito. Desde la entrada se notaba que estaba muy bien cuidado y que tenía muchos espacios llamativos. En ese momento empecé a pensar que, después de todo, tal vez la salida no iba a ser tan aburrida como había imaginado.
Antes de comenzar el recorrido, mi grupito y yo decidimos hacer una parada rápida en el baño. Pensamos que no tardaríamos mucho, pero, para nuestra mala suerte, cuando salimos nuestro director de curso, el profesor Wilson, ya se había ido con el resto del grupo. Básicamente, nos quedamos atrás y terminamos perdidos dentro del parque.
Mientras tratábamos de encontrarlos, nos cruzamos con el profesor Fabián. En lugar de decirnos dónde estaban de una vez, primero nos pego una levantada tenaz, Después de eso, nos indicó que fuéramos a buscar al profesor Wilson.
Por suerte, después de caminar un buen rato y dar varias vueltas, finalmente logramos encontrar al resto del grupo. Aunque al final todo salió bien, la experiencia fue un poco traumática y nos dejó una buena lección: Wilson no es nuestros papas, ese si nos deja botados.
Mientras recorríamos el parque, íbamos recopilando pequeños fragmentos de video para poder realizar la actividad que nos habían asignado. Intentábamos grabar cada lugar interesante que visitábamos, aunque en varias ocasiones se nos olvidaba sacar el celular porque estábamos demasiado entretenidos disfrutando del momento. Entre conversaciones, risas y las diferentes atracciones, terminábamos concentrándonos más en la experiencia que en la tarea.
La verdad, por un rato fue como volver a ser niños. Caminábamos de un lugar a otro con curiosidad, admirando todo lo que veíamos y disfrutando del ambiente del parque sin preocuparnos demasiado por nada más. Incluso llegamos a olvidar que al día siguiente nos esperaba el pre-ICFES y que, además, nos tocaba asistir al colegio. Por unas horas dejamos de pensar en las evaluaciones, las tareas y las responsabilidades, y simplemente nos dedicamos a pasarla bien. Al final, esos momentos fueron los que hicieron que la salida se sintiera mucho más especial de lo que había imaginado al principio.
Hicimos muchísimas cosas durante el recorrido por el parque, pero, sin duda, mi parte favorita fue el zoológico. Poder ver tantos animales de cerca fue una experiencia increíble. Definitivamente, el jaguar fue el que más me impresionó. Siempre me han parecido animales hermosos, pero verlo en persona fue completamente diferente. Era un ejemplar realmente imponente, elegante y con una presencia que llamaba la atención desde el primer momento. Sin duda, fue uno de los momentos que más disfruté de toda la salida.
También me encantó visitar la zona de los reptiles. Desde hace un tiempo las serpientes se han convertido en mi animal favorito, así que esa parte del recorrido fue especialmente emocionante para mí. Además, era la primera vez que veía una pitón en la vida real. No imaginaba que fuera tan grande; era enorme y me dejó completamente sorprendida. Poder observarla tan de cerca fue una experiencia que difícilmente voy a olvidar.
Como todo lo bueno, la diversión también llegó a su fin cuando llegó la hora de regresar al colegio. Ya eran alrededor de las cinco de la tarde cuando emprendimos el viaje de vuelta. Eso sí, terminamos llegando un poco más tarde de lo previsto, cortesía de Arévalo y Riaño, que se perdieron, y también de González y su novia, quienes retrasaron un poco la salida. A esas alturas todos estábamos cansados, pero seguíamos comentando lo bien que la habíamos pasado durante el día.
Al llegar al colegio, fui a recoger mi bicicleta y, después de eso, emprendí el camino hacia mi casa. Llegué completamente agotada por todo lo que habíamos caminado y por el viaje de regreso, pero también muy feliz. Al final, una salida que al principio no me emocionaba terminó convirtiéndose en una experiencia muy divertida y en un recuerdo que, sin duda, voy a guardar con mucho cariño.
(Asi estaba de oscuro cuando llegue por la cicla, de paso me encontre a dos gatos, fue epico)
A continuación, encontrarás una sección en la que relato mi experiencia durante la visita al Parque Jaime Duque. Y, para ponerle la cereza al pastel, ¡esta parte estará escrita completamente en inglés! (>.<)
Como mencioné en el video, mi parte favorita de todo el recorrido fue el serpentario. Ver tantas especies de serpientes de cerca, especialmente la pitón, hizo que esa fuera la sección que más disfruté del parque. También quiero hacer una mención honorífica al pavo real, que muy amablemente posó para que pudiéramos tomarle una excelente sesión de fotos. Sin duda, fue uno de los modelos más fotogénicos que encontramos durante la visita.
Ya ha pasado un tiempo desde que fui al Parque Jaime Duque y, cada vez que recuerdo ese día, lo hago con mucha nostalgia. Aunque al principio no tenía muchas ganas de ir, terminó convirtiéndose en una de las mejores experiencias que he vivido. Fue un día lleno de risas, buenos momentos y recuerdos que todavía conservo con mucho cariño.
Estoy muy agradecida con los profesores que hicieron posible la salida y con mi mamá, quien hizo el esfuerzo de pagar el viaje para que pudiera asistir. Gracias a ellos pude disfrutar de una experiencia que, sinceramente, superó por completo mis expectativas.
Por un día pude dejar a un lado las preocupaciones y olvidar, aunque fuera por unas horas, la ausencia de mi papá. Eso hizo que la salida fuera aún más especial para mí. Sin duda, fue una experiencia inolvidable que recordaré con mucho cariño. 10/10.

